En el arte existen elementos con alto potencial para uso creativo, algunos de ellos son simples objetos o incluso cosas que se consideran desechos.
He estado tallando miniesculturas de grafito, por lo tanto mi relación con el lápiz y el grafito es directa. En dicha exploración he encontrado un componente artístico que se deriva directamente del lápiz. Está compuesto por todas sus partes, desde el esmalte exterior que da color al lápiz, pasando por la madera que expone su textura original, hasta los pequeños fragmentos de grafito que quedan adheridos a la espiral. Estoy hablando de lo que muchos llaman “viruta” del lápiz, considerado como basura.
Algunas de las obras artística que encontrarás en el libro "The life of Graphite" llevan integrada la “viruta” del lápiz y funciona como elemento de composición, brindando estética y escala a la obra. Pero no quiero referirme con el término "viruta" a tan gran maravilloso componente artístico.
Por lo cual me di a la tarea de investigar el nombre técnico o específico para nombrar este “desecho”.
Después de una búsqueda casi exhaustiva en la red que incluía varios idiomas, no pude encontrar que la viruta de lápiz tuviera un nombre específico. Con esto llegué a la conclusión de que el objeto mencionado es considerado como desecho indigno de llevar un nombre propio al cual referirse.
Ante tal escenario me propuse buscar un término que lo definiera de forma directa, es decir; que al mencionarlo la primera imagen que llegué a la mente es de una espiral de madera generada por un tajador al afilar un lápiz.
Al explorar varias posibilidades encontré algunos términos de raíces griegas que unidos podía explicar en una sola palabra la espiral de lápiz, lo que algunos llaman viruta.
La palabra μόλυβδος (molypdos) cuyo significado es plomo, y el término σπεῖρα (speíra) que significa básicamente espiral, son en mi juicio los vocablos más cercanos para construir el término que buscamos.
A continuación, veamos por qué y el significado de fondo que adquiere este objeto digno de ser nombrado como sustantivo.
Recordemos que en Inglaterra en 1564 cuando se descubre el grafito natural la gente lo confundió y pensaba que se trataba de plomo, por su color oscuro. Por esta razón utilizo como prefijo griego moly derivado de plomo. Añadiéndole el termino griego speira, que mencionamos antes, da como resultado molyspeira.
Entendiendo que molyspeira no solo es un nombre técnico para referirnos a la forma de espiral de madera que deja un tajador al hacer punta al lápiz, si no también un concepto artístico que hable de desprendimiento, de transformación, de resiliencia y rescate.
Por lo cual de ahora en adelante, acuño este término para referirme a la mal nombrada viruta de lápiz, pero también lo utilizaré al sentido más profundo y filosófico.
A criterio de algunas personas este dramatismo no tiene ningún significado, por que esta molyspeira seguirá siendo un desecho y para ellos carece de poder artístico.
Sin embargo, no podemos minimizar el antecedente artístico que ha tenido la molyspeira en el campo de las artes visuales.
Por ejemplo; si estudiamos un poco a fondo las obras del reconocido artista estadounidense Tom Friedman, de inmediato nos daremos cuenta que sus obras se caracterizan por estar compuestas de materiales de uso cotidiano, algunos objetos de poco valor, incluso materiales que se consideran desecho.
El tamaño de sus obras por lo general son pequeñas. Y otra no tiene mucho sentido según algunos críticos, como “la hoja de papel blanco” que dice Friedman haber contemplado fijamente mil horas; eso es, un simple pliego de papel pero con una voz artística valiosa.
La aparente excentricidad de Friedman le ha llevado a exponer en galerías y museos de prestigio.
De este mismo artista encontramos una obra que tiene que ver con el tema de interés y que en parte contestará nuestra inquietud anterior.
En 1992 Friedman crea una obra sin título que consiste en el residuo de madera que deja un tajador al hacer la punta a un lápiz. Esta “viruta” si no se rompe irá formando una espiral casi perfecta de forma natural, lo que ya conocemos como molyspeira.
A esta obra artística los comentaristas y reporteros de The Washington Post, New Museum, Nueva York y Artnexus la llamaron “viruta de lápiz”. Es decir, no encontraron un nombre más adecuado. Esto confirma que realmente no se había asignado un nombre propio.
Un elemento como este cuenta con un alto potencial estético y narrativo, lo que lo catapulta a convertirse en sí mismo en una obra artística según el propósito del autor. Este criterio es respaldado por los prestigiosos centros de arte donde se ha exhibido la obra de Friedman .
Generalmente el valor artístico también se traduce en valor comercial, y en el caso de esta obra de Friedman no es la excepción. Según el valor establecido por un centro de subastas de arte en 2011, la obra de arte que consiste en una molyspeira, rondaba los 44.000 dólares estadounidenses, sin tomar en cuenta las comisiones e impuestos.
Queda claro que un elemento como este tiene un alto valor en todo sentido, y exige un nombre digno.
Bajo el ojo de un artista visual no se puede considerar desecho a un elemento tan significativo que también carga con una historia, y ha sido validado por curadores y grandes entidades artísticas de renombre mundial, por lo tanto el término molyspeira es ampliamente justificado para este elemento artístico.